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Psicología financiera y sesgos cognitivos · Capítulo 2

La falacia del coste hundido: por qué seguimos invirtiendo en lo que ya sabemos que ha fracasado

Durante más de una década, los gobiernos de Francia y Reino Unido sabían que el Concorde jamás sería rentable. Y aun así, siguieron financiándolo. No por ignorancia: por la misma razón psicológica que te impide vender esa inversión que ya sabes que fue un error. Este capítulo trata de un sesgo tan potente que le ha dado nombre a un avión.

Respuesta corta

La falacia del coste hundido es la tendencia a seguir invirtiendo tiempo, dinero o esfuerzo en algo basándonos en lo que ya hemos invertido en el pasado, en lugar de basar la decisión únicamente en su valor futuro esperado. Recibe también el nombre de 'efecto Concorde', por el avión supersónico anglo-francés que los gobiernos de Francia y Reino Unido siguieron financiando durante años pese a saber que nunca sería comercialmente viable, precisamente porque ya habían invertido miles de millones. En las finanzas personales, este mismo sesgo explica por qué cuesta tanto vender una inversión que ha perdido valor: hacerlo obligaría a admitir que el dinero ya invertido no va a volver.

Qué es exactamente un coste hundido

Un coste hundido es cualquier recurso (dinero, tiempo, esfuerzo) que ya has gastado y que no puedes recuperar, decidas lo que decidas a partir de ahora. La teoría económica clásica es tajante al respecto: un coste hundido es irrelevante para cualquier decisión futura, porque esa decisión solo debería depender de los costes y beneficios que quedan por delante, no de los que ya quedaron atrás.

El problema es que los seres humanos, de forma sistemática y predecible, no razonamos así. Los psicólogos Hal Arkes y Catherine Blumer demostraron formalmente este sesgo en un estudio de 1985: en uno de sus experimentos, las personas que habían pagado más por un billete no reembolsable para un viaje de esquí eran más propensas a ir, incluso cuando se les informaba de que otro viaje alternativo (más barato) sería objetivamente más disfrutable dadas las condiciones meteorológicas.

El efecto Concorde: cuando un sesgo cognitivo le da nombre a un avión

El Concorde fue un avión de pasajeros supersónico desarrollado conjuntamente por Francia y Reino Unido, con un coste de desarrollo que superó ampliamente todas las previsiones iniciales. Ya en las primeras fases del proyecto, en los años sesenta, existían informes internos que cuestionaban seriamente su viabilidad comercial: el avión consumía combustible de forma extraordinariamente ineficiente y su capacidad de pasajeros era demasiado reducida para amortizar sus costes operativos.

Pese a esas señales de alarma tempranas, ambos gobiernos continuaron invirtiendo miles de millones durante años, en gran parte porque cancelar el proyecto habría supuesto admitir públicamente que todo el dinero ya gastado se había perdido sin remedio. El Concorde entró finalmente en servicio en 1976 y operó durante 27 años, sin llegar a ser nunca rentable de forma sostenida, hasta su retirada definitiva en 2003. El caso es hoy tan citado en economía conductual que la propia falacia del coste hundido se conoce también como 'efecto Concorde'.

Un ejemplo cotidiano: la acción que 'no puedes' vender

💡 Ejemplo 1'No puedo vender ahora, he perdido demasiado'

imagina que compraste acciones de una empresa por 10.000 euros y ahora valen 4.000. Analizando la empresa hoy, con la información actual, concluyes que sus perspectivas son malas y que ese dinero rendiría mejor en otro sitio. La decisión puramente racional sería vender y reinvertir esos 4.000 euros donde mejor rindan, sin que los 10.000 euros originales pinten nada en absoluto en esa decisión: ese dinero ya está gastado, lo hayas 'perdido' o no en la operación.

Sin embargo, la falacia del coste hundido empuja a razonar al revés: 'si vendo ahora, habré perdido 6.000 euros de forma definitiva; si mantengo, todavía existe la posibilidad de recuperarlos'. Ese razonamiento mezcla dos preguntas completamente distintas: cuánto has perdido ya (irrelevante para el futuro) y qué es lo mejor que puedes hacer con el dinero que te queda (la única pregunta que importa).

Por qué este sesgo es tan difícil de vencer

Parte de la potencia de la falacia del coste hundido viene de que está entrelazada con la aversión a la pérdida que explicamos en el capítulo anterior: vender una inversión que ha bajado obliga a convertir una pérdida 'en el papel' (que tu cerebro puede seguir posponiendo mientras no vendas) en una pérdida realizada y definitiva. Además, existe una dimensión social: admitir que una decisión pasada fue un error puede sentirse como admitir que fuiste tú quien se equivocó, algo que muchas personas evitan instintivamente incluso cuando nadie más está mirando.

Cuanto mayor es el coste ya invertido, más fuerte tiende a ser el efecto, precisamente lo contrario de lo que la lógica económica sugeriría (cuanto más dinero está en juego, más cuidadoso debería ser el análisis, no menos).

La pregunta que neutraliza este sesgo

Existe una pregunta mental relativamente sencilla para neutralizar este sesgo en el momento de decidir: 'si no tuviera ya esta inversión y tuviera hoy este dinero en efectivo en la mano, ¿la compraría de nuevo con la información que tengo ahora?'. Si la respuesta es no, el hecho de que ya la tengas no cambia nada: deberías venderla igualmente, exactamente igual que no la comprarías desde cero.

Esta misma pregunta se puede aplicar más allá de la inversión pura: a una suscripción que ya no usas, un negocio que sigue perdiendo dinero, o cualquier decisión donde 'ya he invertido demasiado para parar ahora' sea el argumento principal para seguir. Casi siempre, ese argumento es la propia falacia del coste hundido hablando, no un análisis real de lo que conviene hacer a partir de hoy.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es un coste hundido?

Es cualquier recurso (dinero, tiempo, esfuerzo) que ya se ha gastado y no se puede recuperar, independientemente de la decisión que se tome a partir de ahora. La teoría económica sostiene que un coste hundido no debería influir en ninguna decisión futura.

¿Por qué se llama 'efecto Concorde' a esta falacia?

Porque los gobiernos de Francia y Reino Unido continuaron financiando el avión supersónico Concorde durante años pese a conocer indicios tempranos de su inviabilidad comercial, principalmente porque ya habían invertido sumas colosales y cancelarlo habría supuesto admitir esa pérdida.

¿Cómo sé si estoy cayendo en la falacia del coste hundido?

Una señal clara es justificar continuar con algo diciendo 'ya he invertido demasiado para parar ahora' en lugar de evaluar si, con la información actual, tomarías esa misma decisión desde cero.

¿Es lo mismo la falacia del coste hundido que la aversión a la pérdida?

Están relacionadas pero no son idénticas: la aversión a la pérdida es el dolor psicológico de perder, mientras que la falacia del coste hundido es específicamente el razonamiento erróneo de dejar que lo ya invertido en el pasado condicione una decisión que solo debería depender del futuro.

¿Este sesgo afecta solo a decisiones de inversión?

No, aparece en cualquier ámbito: relaciones, proyectos profesionales, suscripciones o negocios. El denominador común es siempre el mismo: seguir invirtiendo recursos en algo por lo que ya se ha invertido, no por lo que se espera obtener en el futuro.

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