InicioAcademyHome bias: por qué confiamos más en lo que nos resulta familiar, aunque sea más arriesgado
Psicología financiera y sesgos cognitivos · Capítulo 9

Home bias: por qué confiamos más en lo que nos resulta familiar, aunque sea más arriesgado

A finales de los noventa, muchos empleados de Enron tenían la mayor parte de sus ahorros de jubilación invertidos en acciones de la propia Enron, la empresa que les pagaba el sueldo. Cuando la empresa quebró en 2001, perdieron el trabajo y los ahorros a la vez, el mismo día. No fue mala suerte: fue un sesgo cognitivo con nombre propio, y lo padecen inversores de todo el mundo con su propio país, no solo con su propia empresa.

Respuesta corta

El home bias (o sesgo de familiaridad) es la tendencia a concentrar las inversiones en activos familiares o cercanos (la empresa donde se trabaja, el país de residencia) en lugar de diversificar globalmente, por la falsa sensación de seguridad que produce invertir en lo que se conoce bien. El estudio de referencia de los economistas Kenneth French y James Poterba (1991) encontró que los inversores de las principales economías mantenían entre el 80% y el 95% de su cartera de acciones en empresas de su propio país, muy por encima de lo que su peso real en la economía mundial justificaría, y este mismo sesgo, a menor escala, explica por qué tantos empleados concentran una parte peligrosa de sus ahorros en acciones de su propia empresa.

El estudio que midió cuánto sobreinvertimos en nuestro propio país

En 1991, los economistas Kenneth French y James Poterba publicaron un estudio de referencia sobre la composición de las carteras de inversión en las principales economías del mundo. Su hallazgo fue contundente: los inversores estadounidenses mantenían en torno al 94% de su cartera de acciones en empresas estadounidenses, los japoneses en torno al 98% en empresas japonesas, y los británicos en torno al 82% en empresas británicas, muy por encima de lo que el peso relativo de cada país en la economía mundial justificaría objetivamente.

Esta 'preferencia doméstica' o 'home bias' contradice uno de los principios más sólidos de la teoría de carteras: diversificar globalmente reduce el riesgo total sin sacrificar apenas rentabilidad esperada, algo que explicamos con detalle en nuestra guía de riesgo y volatilidad. Y sin embargo, la familiaridad con lo local pesa, de forma sistemática, más que ese argumento racional.

Por qué la familiaridad se confunde con seguridad

La psicóloga Sarah Lichtenstein y el psicólogo Paul Slovic documentaron en varios estudios de los años setenta que las personas tienden a percibir como menos arriesgado aquello que les resulta familiar, incluso cuando la familiaridad no aporta ninguna información real sobre el riesgo objetivo. Conocer el nombre de una empresa, ver sus anuncios a diario o trabajar en ella genera una sensación de control y comprensión que, en la práctica, no reduce el riesgo real de concentrar ahí una parte demasiado grande del patrimonio.

Este mecanismo es el mismo, a otra escala, que la 'ilusión de control' que vimos en el capítulo del exceso de confianza: sentir que entendemos algo mejor por conocerlo no es lo mismo que efectivamente reducir el riesgo de depender de ello.

El ejemplo más doloroso: los empleados de Enron y sus planes de pensiones

💡 Ejemplo 1Perder el trabajo y los ahorros el mismo día

en el momento del colapso de Enron en 2001, una parte muy significativa de los planes de pensiones de sus empleados estaba invertida en acciones de la propia compañía, en algunos casos por encima del 60% del total de sus ahorros para la jubilación. Cuando Enron se declaró en quiebra, esos empleados no solo perdieron su empleo: perdieron simultáneamente la mayor parte de sus ahorros acumulados durante toda su vida laboral, concentrados en el mismo riesgo que acababa de materializarse.

Es el ejemplo más extremo de una lógica que aplica, a menor escala, a millones de personas: cuando tus ingresos y tu patrimonio dependen de la misma fuente (tu empleador), cualquier problema que afecte a esa fuente te golpea dos veces, no una. Diversificar tus inversiones lejos de tu propio empleador no es una decisión anti-patriótica ni una falta de confianza: es simplemente evitar duplicar el mismo riesgo.

Por qué diversificar fuera de tu país también reduce riesgo real

La misma lógica del ejemplo de Enron se aplica, en una escala mayor, a concentrar toda tu cartera en empresas de tu propio país: si tu sueldo, tu vivienda y tus pensiones públicas futuras ya dependen en gran medida de la economía de tu país, concentrar además tus inversiones ahí multiplica tu exposición a los mismos riesgos macroeconómicos (una recesión local, una crisis de tu divisa, un sector dominante que entra en declive) en lugar de repartirlos.

Un ETF global, como los que explicamos en nuestra guía de ETFs, reparte automáticamente esa exposición entre miles de empresas de decenas de países, reduciendo la dependencia de que a tu economía local, en concreto, le vaya bien en las próximas décadas.

  • Sueldo, vivienda y pensión pública ya dependen de la economía de tu país.
  • Concentrar también tus inversiones ahí multiplica el mismo riesgo, no lo diversifica.
  • Un ETF global reparte esa exposición entre miles de empresas de decenas de países distintos.

Cómo protegerte de tu propio home bias

La regla más simple y efectiva es un límite explícito: no mantener nunca más de un pequeño porcentaje razonable de tu patrimonio invertible en acciones de la empresa donde trabajas, con independencia de la confianza que te inspire. Y, para el resto de tu cartera, priorizar fondos o ETFs con exposición global en lugar de limitarte a empresas de tu propio país, precisamente porque esa familiaridad no reduce el riesgo real, solo la percepción del riesgo.

Lleva esta información a tu situación real

eXcenda une patrimonio neto, gastos, simulaciones y contexto macro en una sola app para que pases de la teoria a la decision.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el home bias?

Es la tendencia a concentrar las inversiones en activos familiares (la propia empresa, el propio país) en lugar de diversificar globalmente, documentada por los economistas Kenneth French y James Poterba en un estudio de 1991.

¿Cuánto sobreinvertimos realmente en nuestro propio país?

El estudio de French y Poterba encontró que los inversores estadounidenses mantenían en torno al 94% de su cartera en empresas de EE.UU., los japoneses en torno al 98% en empresas japonesas y los británicos en torno al 82% en empresas del Reino Unido, muy por encima de su peso real en la economía mundial.

¿Por qué es peligroso invertir en acciones de la empresa donde trabajo?

Porque concentra dos riesgos distintos (tu empleo y tus ahorros) en la misma fuente. Si la empresa atraviesa problemas, puedes perder el trabajo y una parte significativa de tu patrimonio al mismo tiempo, como le ocurrió a miles de empleados de Enron en 2001.

¿Diversificar internacionalmente reduce de verdad el riesgo?

Sí. Si tu sueldo, vivienda y pensión pública ya dependen de la economía de tu país, invertir también ahí multiplica tu exposición a los mismos riesgos macroeconómicos en lugar de repartirlos entre distintas economías.

¿Cuánto de mi cartera debería tener en acciones de mi propia empresa?

Como referencia prudente, un porcentaje pequeño del total de tu patrimonio invertible, con independencia de la confianza que te inspire la empresa, precisamente porque ya dependes de ella para tu sueldo.

Sigue explorando este cluster