Un banco con 158 años de historia y un apalancamiento insostenible
Lehman Brothers fue fundado en 1850 por tres hermanos inmigrantes alemanes en Alabama, y sobrevivió a la Guerra Civil estadounidense, dos guerras mundiales y la Gran Depresión antes de convertirse en el cuarto banco de inversión más grande de Estados Unidos. Esa longevidad es precisamente lo que hizo tan impactante su colapso: no era una entidad joven ni especulativa por reputación, sino una institución centenaria considerada parte del núcleo del sistema financiero.
En los años previos a 2008, Lehman había apostado agresivamente por activos respaldados por hipotecas, incluidas las hipotecas subprime que analizamos en detalle en nuestra guía de la crisis financiera de 2008. Para financiar esas apuestas, el banco operaba con un apalancamiento extremo: por cada dólar de capital propio, tenía más de 30 dólares en activos financiados con deuda. Con ese nivel de apalancamiento, una caída de apenas un 3% en el valor de sus activos bastaba para borrar todo su capital.
Repo 105: cómo Lehman ocultó su verdadero apalancamiento
Poco antes de publicar sus resultados trimestrales, Lehman utilizaba una maniobra contable interna conocida como 'Repo 105': vendía temporalmente activos a otras entidades a cambio de efectivo, clasificando esas operaciones como ventas reales en lugar de préstamos con garantía (que es lo que eran en la práctica), y recompraba esos mismos activos apenas unos días después, una vez publicado el balance. El resultado era que, en las fechas en las que los inversores y reguladores miraban sus cuentas, Lehman aparecía con hasta 50.000 millones de dólares menos de deuda de la que realmente tenía.
Esta maniobra no era técnicamente ilegal en la letra de la norma contable que la permitía, pero su único propósito era engañar sobre el verdadero nivel de riesgo del banco. Cuando el examinador de la bancarrota publicó su informe en 2010, Repo 105 se convirtió en uno de los ejemplos más citados de cómo la ingeniería contable puede ocultar un problema real hasta que ya es demasiado tarde para corregirlo.
- Repo 105: ventas temporales de activos clasificadas como ventas reales, no como préstamos garantizados.
- Efecto contable: hasta 50.000 millones de dólares de deuda desaparecían del balance justo antes de publicar resultados.
- Los activos se recompraban días después, una vez que los inversores ya habían visto un balance más saludable del real.
El fin de semana en la Reserva Federal de Nueva York
el viernes 12 de septiembre de 2008, con las acciones de Lehman desplomándose y sus fuentes de financiación a corto plazo secándose, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York convocó a los máximos responsables de los principales bancos de Wall Street a una reunión de emergencia. Durante todo el fin de semana, banqueros y reguladores (entre ellos el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el propio presidente de la Fed de Nueva York, Tim Geithner) intentaron encontrar un comprador privado que absorbiera a Lehman sin necesidad de dinero público.
Bank of America, que había sido uno de los candidatos más serios, decidió en las horas finales comprar Merrill Lynch en su lugar, otro banco de inversión al borde del colapso. Barclays, el banco británico, llegó a un principio de acuerdo para adquirir Lehman, pero el regulador financiero británico se negó a aprobar la operación sin una garantía del gobierno estadounidense sobre las pérdidas, garantía que Paulson se negó a ofrecer. Sin comprador y sin rescate público, Lehman Brothers se declaró en bancarrota en las primeras horas del lunes 15 de septiembre de 2008.
Por qué el gobierno dejó caer a Lehman (y rescató a otros)
La decisión de no rescatar a Lehman resulta todavía más desconcertante al compararla con lo que ocurrió justo antes y después. En marzo de 2008, la Reserva Federal había facilitado el rescate de Bear Stearns, otro banco de inversión, financiando su compra por JPMorgan Chase. Apenas un día después de la quiebra de Lehman, el gobierno rescató a la aseguradora AIG con una inyección de 85.000 millones de dólares, al considerar que su colapso pondría en riesgo a todo el sistema financiero global.
Paulson y Bernanke argumentaron después que, a diferencia de Bear Stearns y AIG, Lehman no tenía activos suficientes como garantía para respaldar un préstamo de emergencia sin exponer al contribuyente a pérdidas seguras, y que carecían de autoridad legal clara para intervenir sin un comprador dispuesto. Muchos economistas han cuestionado después esa explicación, señalando que la verdadera razón pudo ser política: el gobierno necesitaba demostrar que no rescataría a todo el mundo, sin anticipar la magnitud del pánico que desataría dejar caer a una institución de ese tamaño.
Las consecuencias: pánico global y una lección sobre el riesgo sistémico
La quiebra de Lehman, con cerca de 639.000 millones de dólares en activos, sigue siendo la mayor bancarrota corporativa de la historia de Estados Unidos. Su colapso congeló los mercados de crédito a corto plazo en todo el mundo casi de inmediato: los bancos dejaron de confiar unos en otros y de prestarse dinero entre sí, un fenómeno que agravó severamente la recesión que ya estaba en marcha, exactamente el tipo de riesgo sistémico que analizamos en nuestra guía de la crisis financiera de 2008.
La lección que dejó Lehman condicionó buena parte de la regulación bancaria posterior (los requisitos de capital de Basilea III, las pruebas de resistencia bancaria) y también la forma de actuar de los reguladores en crisis posteriores: como veremos en los próximos capítulos de esta serie, cuando colapsaron Silicon Valley Bank y Credit Suisse en 2023, los reguladores actuaron con una rapidez y una disposición a intervenir muy distintas a las de aquel fin de semana de 2008.
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Preguntas frecuentes
Por un apalancamiento extremo (más de 30 veces su capital) invertido en gran parte en activos ligados a hipotecas subprime, cuyo valor se desplomó durante la crisis financiera de 2008, combinado con una pérdida de confianza que le impidió seguir financiándose a corto plazo.
Una maniobra contable que Lehman usaba para mover temporalmente hasta 50.000 millones de dólares de deuda fuera de su balance justo antes de publicar resultados trimestrales, recomprando esos activos días después, con el único propósito de ocultar su verdadero nivel de apalancamiento.
El Tesoro y la Reserva Federal argumentaron que Lehman no tenía garantías suficientes para respaldar un préstamo de emergencia sin pérdidas seguras para el contribuyente. Muchos economistas creen que también influyó la necesidad política de demostrar que no todo el mundo sería rescatado.
Cerca de 639.000 millones de dólares en activos, lo que convirtió a su bancarrota en la mayor de la historia corporativa de Estados Unidos, una cifra que no ha sido superada desde entonces.
Se endurecieron significativamente los requisitos de capital y apalancamiento para grandes bancos (los acuerdos de Basilea III) y se introdujeron pruebas de resistencia periódicas para evaluar si las entidades podrían sobrevivir a un escenario de crisis similar.